Pinturas Rupestres de Nuevo León

La región noreste de Nuevo León fue habitada por pequeños grupos que vivían en las cuevas, en los montes, en los repechos de las rocas o en los barrancos de los ríos. Desconocían la agricultura y eran recolectores-cazadores. Los únicos vestigios que nos legaron consisten en puntas de flecha arrojadizas, raspadores, u otro material lítico.

Dentro de los que se han descubierto están: Piedras Pintas, en el municipio de Parás, casi en los límites con Tamaulipas.

Los más importantes en la zona noreste del estado son: los de Piedra Parada, entre General Treviño y Agualeguas; los del cerro del Fraile, en Doctor González, y los de La Tarima, en la sierra de Papagayos.

Al Oriente: los del Paso del Indio, en los Ramones; Villa Vieja, en Cadereyta, y La Ceja, en China. En este último lugar han sido hallados enterramientos en los barrancos de los arroyos, acompañados de collares de caracoles y restos de indumentaria.

Al sureste: los de Monte Huma, loma de Barbecho, y loma del Muerto en General Terán; y los de Sabinitos y Trinidad, en Linares. En esta ciudad existe un pequeño museo arqueológico formado por Pablo Salce.

Al poniente: los de Guitarritas, en Santa Catarina, notables por tratarse de dos enormes paños graníticos, uno frente al otro, separados por unos cuantos metros y totalmente grabados; los de Nacataz e Icamole, en García, y los de los Fierros y Cueva Ahumada, en el mismo municipio.

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