Santa Clara es el refugio perfecto para quienes buscan desconectarse del ruido urbano y sumergirse en la esencia más pura de la costa yucateca. A...
Conocer másEs una joya colonial considerada una de las principales muestras del arte barroco novohispano.
Lunes a domingo de 08:00 a 20:00 horas (sujeto a misas y ceremonias religiosas)
Entrada libre al templo. Acceso a la torre (mirador con vistas panorámicas): $50 MXN por persona.
Clima templado subhúmedo, con temperaturas agradables durante casi todo el año que oscilan entre los 18°C y 26°C.
De noviembre a abril, durante la temporada seca, lo que facilita las caminatas por las empinadas calles empedradas.
Ropa fresca y cómoda debido al calor del día, pero con un suéter ligero para las tardes. Es indispensable usar calzado cómodo con suela antideslizante para caminar por las calles empinadas y empedradas. Se sugiere vestir con respeto al tratarse de un recinto religioso activo.
Es un monumento virreinal catalogado como uno de los máximos exponentes del arte barroco novohispano (específicamente del estilo churrigueresco o ultrabarroco) en México.
Fue construida por encargo y financiamiento total de Don José de la Borda, un acaudalado empresario minero franco-español, como una muestra de agradecimiento a Dios por la inmensa fortuna que obtuvo de las minas de plata de Taxco.
Su construcción comenzó en 1751 (algunas crónicas citan preparativos en 1748) y concluyó formalmente el 3 de septiembre de 1758. Fue dedicada y consagrada los días 11 y 12 de mayo de 1759 por Manuel Antonio Rojo de Lubián y Vieyra.
El diseño y la dirección general de la magna obra estuvieron a cargo del arquitecto novohispano Cayetano de Sigüenza. Con sus 94.58 metros de altura, se mantuvo firmemente como la edificación más alta de México hasta principios del siglo XIX.
El templo se desplanta sobre un atrio elevado con escalinatas para salvar el desnivel del terreno. Está resguardado por una cruz atrial histórica en el sector suroeste y una escultura dedicada a San Miguel Arcángel en el extremo noroeste.
Su imponente fachada está labrada en cantera rosa y decorada con múltiples esculturas. Sobresale su enorme cúpula octagonal sobre tambor, majestuosamente revestida con azulejos de talavera que resplandecen bajo el sol.
Cuenta con un acceso de arco de medio punto flanqueado por columnas y nichos que resguardan las imágenes de los apóstoles San Pedro y San Pablo. Encima destaca un gran ventanal coral ricamente adornado con follaje, relieves de conchas, ángeles y escudos heráldicos.
Sus dos esbeltas torres poseen detalladas decoraciones con imágenes de santos, incluyendo relieves dedicados a los patronos religiosos del lugar.
Está diseñada con una disposición clásica de cruz latina y rematada en el crucero por la cúpula de gajos con linternilla.
Alberga 12 retablos completos (9 en la nave principal y 3 en la capilla anexa) hechos en madera de cedro y bellamente recubiertos en hoja de oro. Fueron diseñados y ensamblados por el maestro novohispano Isidoro Vicente de Balbás.
El interior resguarda una valiosa pinacoteca de más de 50 lienzos firmados por Miguel Cabrera, uno de los pintores más célebres de la época colonial.
El retablo principal del altar replica la exuberancia ornamental de la fachada exterior, pero labrado magistralmente en madera estofada y dorada.
Conserva tres artísticos púlpitos de madera finamente tallada y un monumental órgano tubular barroco del siglo XVIII con 250 flautas y cerca de mil voces en el coro.
Conocida históricamente como la Capilla de Indios, resguarda pinturas al óleo de Miguel Cabrera y un gran lienzo que narra el martirio de Santa Prisca (la joven romana decapitada tras salir ilesa del coliseo con los leones postrados a sus pies).
Permite subir a través de los escalones de la torre para disfrutar de una de las mejores vistas panorámicas de la Plaza Borda, el zócalo y el característico paisaje de techos de teja del Pueblo Mágico.
En el recinto destaca también la imagen de la Virgen de Guadalupe elaborada totalmente en plata pura, rindiendo homenaje a la tradición platera de Taxco.
Este magnífico recinto novohispano es una joya indiscutible del barroco churrigueresco que te dejará sin aliento. Construido gracias al mecenas minero José de la Borda, sus imponentes torres de cantera rosada y sus altares tallados en oro dominan el horizonte colonial de Taxco, invitándote a viajar en el tiempo a través del arte sacro y la historia minera de México.
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